Ghostgirl es una novela de Tonya Hurley publicada en 2009, la cual relata las desventuras de Charlotte Usher tras morir asfixiada por un osito de goma y verse envuelta en el mundo de los fantasmas, no muy alejado del mundo de los vivos, lo que le dará la oportunidad de seguir con sus planes de vida: ser la más popular en la escuela y conseguir de novio al codiciado Damen Dylan.
El libro contiene dos apartados extradiegéticos: Una especie de portada para cada capítulo con una ilustración y una frase, de variopintos autores que van desde la poesía de Byron a alguna canción de Radiohead. Para después, en la siguiente página, presentar una breve introducción a modo de explicación moral sobre lo que pasará en la historia antes de iniciar el capítulo. Estructura que se mantiene durante toda la novela.
Se trata de una obra muy cercana al contexto en que fue publicada, pues rescata mucho de lo que fue el emo, de moda por aquellos años (aunque es discutible si lo es o sólo lo pretende). Con una estética superficialmente oscura que va de la mano con cualquier comedia escolar de los dos mil. De tal forma que el clímax se centra en el baile escolar y casi todo el desarrollo se encuentra en ambientes colegiales a pesar de la muerte de la protagonista.
La historia en general tiene su enfoque en la aceptación de los personajes a las circunstancias que los rodean. Charlotte tendrá que aceptar su muerte y trabajar con otros chicos muertos en una escuela espiritual para encontrar la paz y poder ascender al otro mundo. Mas, ya por suerte (o por terquedad) ella encontrará la realización de sus metas en el mundo de los vivos, lo que ocasionará problemas tanto a los chicos muertos como a los vivos.
La trama es en sí un cliché, un drama escolar que no escapa de los tropos de historia para adolescentes, cuya única variación es una protagonista fantasma. Entre sus recursos trillados se encuentran: un triángulo amoroso, el baile, las pruebas de porristas, quizá la única excepción al catálogo de situaciones de secundaria estadounidense es la final de fútbol americano que lamentablemente no se presentó en esta novela. Con la variación de ese toque que intenta ser oscuro y paranormal que, sin embargo no es suficiente para que las situaciones dejen de ser rebuscadas.
El argumento de encontrar la paz y aceptar la muerte, no es el eje de la historia, aunque así se pretenda, pues los conflictos en los que más se enfoca la narración son los cotidianos. Lo que hace una novela superficial, que repite en cuanto puede su mensaje pero que le cuesta confirmarlo de una forma implícita. Se trata pues de una obra fácil, condescendiente en un mal sentido.
El mensaje de la novela se torna molesto, se repite hasta caer en lo redundante, aparece en las citas, partes introductorias, lo dicen los personajes y el narrador siempre que pueden. Es una moraleja frustrante a causa de la insistencia con la que es expuesta, sin embargo no influye en Charlotte, no avanza como personaje en toda la historia. Aunque se equivoca en las mismas cosas varias veces y es regañada, ella se indigna, se lamenta de sí misma y se justifica. Podría ser un buen retrato de una persona que le cuesta aceptar que no es buena, mas Charlotte a final aprende, sin justificación alguna.
La protagonista en sí complica una lectura agradable. Charlotte inicia como una adolescente torpe a la que todos odian sin una razón. Es hasta la mitad de la novela donde ya es fácil de ver la causa del odio, Charlotte es una horrible persona que bien pudo ser la villana; es egoísta, manipuladora, indiferente y testaruda, pero el narrador quiere convencer que es un personaje con mala suerte. Al final sólo hay dos opciones: es muy tonta o muy mala.
El resto de personajes de una u otra forma se ven afectados por esto, al punto que tienen que comportarse de forma desagradable para quedar peor parados ante la protagonista (o tan buenos como una Mary Sue). Mientras Petula es una caricatura grotesca de porrista vanidosa, Damen es perfecto en cada sentido, hasta en los contradictorios.
Por otro lado, hay personajes en toda la obra que pareciera importar aunque no hacen nada. Los chicos fantasma no tienen protagonismo, aunque son los que tienen el mayor conflicto de la obra, trascender del mundo de los vivos.
El único personaje bueno, a mi parecer, es Scarleth, pues se presenta como un estereotipo de chica gótica que ella misma desea ser, sin embargo se verá en un conflicto constante al no poder ser una caricatura por completo. Tiene defectos, virtudes, y la mayoría de la ocasiones sentido común.
Lo que me parece más resaltable es la intertextualidad, no sólo en las citas, sino hasta en los nombres de algunos personajes (que provoca un brusco contraste con el tono de la obra en general) si hay algo de provecho para un lector novel es la variedad de autores presentes, que pueden dar un rico panorama de lecturas.
En conclusión, Ghostgirl es un libro al que no le encuentro demasiado valor, sobre todo por su enfoque tan marcado en dar una moraleja que a fin de cuentas no es plasmada de buena forma, sin ayuda de frases ni introducciones. Quiere reivindicar algunos clichés escolares, mas termina reversionándolos. Los momentos cómicos que tiene dan pena ajena. En general demasiado largo y trillado.

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