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Uzumaki, reseña

Uzumaki es un manga de Junji Ito publicado entre 1998 y 1999, dividido en diecinueve episodios los cuales cuentan los extraños fenómenos que vive Kirie, protagonista y narradora, tras la obsesión del padre de su novio (Shuichi) con los espirales. Quizás es el trabajo más representativo este autor, más allá de su fama, en este manga se centran todos los elementos que suelen verse en el resto de la obra de Junji Ito, expuestos de la mejor forma posible, por lo que además que de una introducción que cualquiera podría tomar para adentrarse en la cosmovisión del autor, es una confirmación de lo mejor de su trabajo.


     Uzumaki bien podría dividirse en dos partes, su primera mitad se acerca a una compilación de one shots, hacinados por sus protagonistas y los extraños fenómenos con las espirales, en este caso Kirie y Shuichi cumplen con un rol de observadores, aunque los fenómenos de la historia sean muy cercanos a ellos, sólo serán víctimas directas en algunas ocasiones. Su segunda mitad, por otra parte, tiene una continuidad más evidente, en tanto que las historias no serán conflictos de un capítulo, además intentará cerrar cabos de lo planteado durante la primera parte.
    Junji Ito ya había trabajado con este tipo de estructuras, como en Tomie, donde la antagonista desencadenará el caos en diversas historias, ajenas entre sí, o en Las historias de fantasmas de Mimi, que es más una protagonista que vivirá diversas historias paranormales, sin tener realmente un antagonista que perduré por todas las tramas. En Uzumaki se conjugan ambos elementos tanto los protagonistas que viven diversas desventuras y que un villano que perdura en toda la historia.
     Encuentro como un acierto que está ocasión el elemento antagónico sea un espiral, al resultar en algo abstracto brinda de un mejor funcionamiento para dar continuidad a la historia, y resulta más dinámico al punto que los capítulos pueden variar de tono o ritmo sin ningún problema, iniciando con problemas derivados de la obsesión demencial, cambiando a lo biológico y terminando en el desastre natural; contrario a casos como Tomie donde en determinado momento todo se resume en el amante que enloquece y Tomie, más cercana al monstruo del slasher, regresa para morir otra vez.


     Dinamismo que es un arma de doble filo, pues aunque da riqueza a las situaciones que pueden presentarse, con los personajes pasa lo contrario, al no poderse adaptar a los diversos cambios resultan acartonados. En la primera mitad no está tan mal, al ser un formato discontinuo en el que casi son secundarios, poco importa su desarrollo. Es hasta la segunda parte que el manga toma el rumbo de la continuidad, donde la frialdad hacía los personajes es algo incomoda, pues la historia exige empatía que no le facilita al lector, además que agrega más personajes que tampoco darán mucho para ser queridos.
     Los personajes serán más bien bidimensionales, tienen sus principios y sus conflictos, pero mayormente servirán con observadores. Kirie destacada por su carácter protector y por su filantropía, a pesar de que el mundo se acabe, ella siempre intentará ayudar al que lo necesite. Del otro lado  Shuichi, aparte de parecerse a Junji Ito, es una imagen más cercana al lector, un tipo que sabe que algo malo pasa, mas permanece ahí. Lo más cercano a la personalidad de Shuichi es que es el más afectado por los fenómenos que hay en el pueblo, junto con su familia, tanto el padre que es el primer afectado y él que parece saber demasiado de la espiral. También de cierta  forma es noble, aunque tiene encima la catástrofe hasta se podría decir que se queda en el pueblo a cuidar Kirie, aunque a veces se desaparece. Los demás personajes están más para efectos de la historia. Salvo Chie que llega cerca del final, sin ser verdaderamente un aporte, es el personaje que repara un agujero de la trama, el porqué los personajes no escapan del pueblo, además da una visión ajena del interior del pueblo sobre el conflicto.
       Se podría decir que no hay un enfoque en los protagonistas, no mayor a la fascinación del mismo autor por los fenómenos que hay con la espiral. Es algo que distingue a Junji Ito, pocas veces hace énfasis en los protagonistas, sin embargo esa mirada fría en esta ocasión me parece un tanto débil. Al no poner mucha atención en Kirie y Shuichi, se ahorra varias preguntas que parecieran vitales como ¿Por qué no huyen? La historia da sus explicaciones, pero se vuelve hasta artificial que Kirie no quiera hacerlo hasta dos episodios antes del final.  Shuichi, aun al vaticinar todo lo que sucedería en la trama, y que pareciera tener cierta sensibilidad para el mundo del espiral, se deja a un lado, más cercano al rol de loco del pueblo que tenía razón.


     Por otra parte, había posibles ideas con potencial que se dejaron al lado, como que el huracán estuviera enamorado de Kirie, sin duda, creo que Uzumaki quedó a deber ese rasgo que siempre une al protagonista en una íntima conexión con el elemento del conflicto. Y no digo que se haga una genealogía tan repetitiva y cliché como en el otro Uzumaki, Naruto; sino lo digo porque Junji Ito ya se ha tomado este tipo de conexiones con excelentes resultados, como en "La falla de la amígnola".
     Aunque esto resulta superficial si se mira a esta obra en un sentido amplio, y es que la misma narrativa está centrada en contar los detalles particulares. Si Uzumaki se debiera apreciar en un sentido amplio habría elementos imprescindibles como la explicación histórica de la trama, sin embargo aquí se limita a sólo una mención, a una hipótesis que pareciera justificar la historia, pero que salvo de un mapa y un par de conjeturas no hay una verdadera razón para que el lector tome por cierta dicha explicación. Me parece que ver aquella viñeta del padre de Shuichi convertido en espiral da un mejor acercamiento de lo que es Uzumaki que el argumento. Esa imagen no es simple brutalidad, que roza con el morbo, es la expresión más exacta del absurdo tan lógico que es la obra, la mejor forma de mostrar lo que es el límite de la humana obsesión que se rompe en la historia.
     En está ocasión no hay un monstruo, porque la misma naturaleza puede ser monstruosa si se modifica, si sus órdenes cambian tan sólo un poco. Además, Uzumaki se fija más en los personajes apasionados, esos son los verdaderos monstruos, sus emociones intensas los llevan a deformar su realidad, sus formas, un reflejo de lo que ya había pasado en sus cabezas. Aunque también se fija en la peculiaridad, las particularidades y cada manifestación capaz de romper o hacer de forma absurda a la vida cotidiana. Por ello Uzumaki no puede ser explicado desde un punto de vista general, pues para realmente entenderlo es necesario sumergirse a esa extravagancia con sabor del día a día.

  

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